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MÉXICO, ¿PAÍS DE LOCOS?

MÉXICO, ¿PAÍS DE LOCOS?
CISI / 22 SEPTIEMBRE 2009

Hace poco más de un año, se registró uno de los atentados perpetrados en contra de la población civil más cobardes y trágicos, durante la celebración del grito de independencia en Morelia Michoacán; en esa ocasión murieron 8 personas y quedaron heridas más de cien.

En lo que va de septiembre del presente año, se han registrado varios hechos que, sin tener las funestas consecuencias de aquel hecho, sí confirman que la espiral de violencia que aqueja a nuestro país va en ascenso:

Se han llevado a cabo cuatro atentados con explosivos, de características similares (contra una sucursal de Bancomer en la carretera Picacho –Ajusco, una sucursal Renault, en bulevar Puerto Aéreo; contra una boutique Max Mara, en la avenida Presidente Masaryk y contra otra sucursal de Bancomer, que no trascendió a los medios)

Dos personajes presuntamente afectados de sus facultades mentales: José Mar Flores Pereyra, pastor boliviano que secuestró un avión de Aeroméxico, por haber sido supuestamente por Dios para advertir al presidente Calderón sobre las calamidades que se ciernen sobre nuestro país y hace pocos días, Luis Felipe Hernández Castillo, quien el viernes 18, a un día del aniversario de los sismos del 19 de septiembre, mató con un revólver calibre 38 a un policía bancario y a un civil e hirió a cinco pasajeros más en la estación del metro Balderas.

En cuanto a las explosiones, todas se llevaron a cabo utilizando cilindros de de gas butano y detonadores caseros, pero el segundo estallido se lo adjudicó un grupo autodenominado España Signus Franciscos, que dejó un comunicado en el lugar de los hechos, después hizo lo mismo otro llamado Células Autónomas de Revolución Inmediata “Praxedis G. Guerrero”, que colocó su mensaje en Internet en la páginas vinculadas a organizaciones subversivas en diversos países, entre ellas en el portal www.liberaciontotal.entodaspartes.net con origen en Chile, que es utilizado frecuentemente por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Está empezándose a hacer costumbre que tanto en la Ciudad de México como en el interior de la República, se registren actos violentos en contra de la población civil. Algunos han registrado víctimas mortales; la más trágica de ellas hace un año durante el grito de independencia en Morelia Michoacán, otros no han tenido mayores consecuencias que los daños materiales que genera el atentado.

Más allá de las lamentables pérdidas de vidas humanas, Los hechos más recientes señalan que nuestro país empieza a no ser ajeno al fanatismo religioso o político, ¿por qué? Porque los dos últimos acontecimientos, uno correspondiente al pastor-cantante boliviano que con Biblia en mano secuestró un avión de Aeroméxico que volaba de Cancún hacia la ciudad de México; y el otro correspondiente al veterinario-ecologista que asesinó en el metro Balderas a dos personas con un revólver calibre .38 especial, tuvieron, cuando menos en una primera explicación de los agresores, origen en el fanatismo que mata en nombre de Dios.

Estos hechos deben hacernos reflexionar sobre las consecuencias a las que esta llevándonos los altos índices de violencia que se viven a lo largo y ancho del país. Estos hechos tienen un origen religioso, porque invocan a Dios, pero por otro lado son también consecuencia de la disfuncionalidad a la que está llegando la sociedad mexicana.

En el nombre de Dios, muchas personas desesperadas radicalizan no sólo su discurso, sino también sus acciones por la influencia del ambiente de violencia social que los induce a cometer actos de agresión en contra de personas inocentes, con lo que buscan, en su lógica fundamentalista, “castigar” a la sociedad.

No se trata de una violencia surgida directamente de la lucha o los enfrentamientos en la guerra contra el crimen organizado, sino que estos dos casos son manifestaciones de fanatismo en sentido literal, que pueden tener su base en la desesperación por llamar la atención precisamente en el grado de degradación social que estas personas se encargan de “denunciar”.

En el caso del sujeto que asesinó en el metro, intentaba hacer pintas en los muros del andén, según algunas versiones escribió: “¨Pinche gobierno de ladrones…”, otras señalan que puso: “Gobierno asesino”, en todo caso su intención era llamar la atención de la policía, cuando uno de ellos se le acercó y trató de impedirle que siguiera, forcejearon, sacó su arma y le disparó, terminó dándole un tiro por las espalda, a otro hombre que intentó detenerlo, terminó dándole un tiro en la cabeza.

Algunos pasajeros declararon que invocó a Dios cuando se metió al vagón y les dijo que no se preocuparan, que no iba contra ellos, pero que todo había “valido…”. ¿Motivación religiosa?, ¿motivación política? ¿Desesperación por la situación económica o simple locura? Quizás todas ellas o ninguna en particular.

Al rendir su declaración y sin señal alguna de arrepentimiento, Luis Felipe Hernández Castillo, señaló que había hecho un favor a la sociedad, se declaró asiduo lector de la Biblia, y en un admirador secreto del secuestrador del avión de Aeroméxico.

Por otra parte, declaró que quería llamar la atención sobre los problemas de hambruna en el mundo y el problema del calentamiento global y al igual que el pastor boliviano se considera a sí mismo como un mensajero de Dios.

Más allá del impacto mediático que generaron ambos sucesos, lo cierto es que se han acumulado una serie de actos que, como los atentados con cilindros de gas butano a una agencia de autos, una sucursal bancaria y a una boutique, reflejan el malestar no sólo de la gente común sino de personas que, desquiciadas o no, han logrado provocar ya un ambiente de zozobra generalizado en la ciudad.

Aunque cada caso es distinto, existe un denominador común: llamara la atención sobre amenazas que se ciernen sobre la sociedad mexicana, aunque ellos mismos son ejemplo de la cultura de la violencia que esta extendiéndose de manera alarmante en nuestra sociedad.

Orta cuestión preocupante, es el hecho de que pueden surgir en el futuro otros casos similares porque se registran niveles de violencia cada vez mayores en las escuelas, en las familias, en las calles. También porque vivimos un proceso de militarización cada vez mayor como consecuencia de la lucha contra el narcotráfico, todos estos hechos confirman la necesidad de correcciones en la ruta que ha seguido el gobierno en la lucha contra el crimen y la lucha contra la crisis económica.

Horas antes del incidente en el metro, que costó la vida de dos personas, Fernando Gómez Mont había aceptado que el Cisen está investigando algunos de estos casos, y que “está encontrando información valiosa”. ¿Será esta una aceptación tácita de que no se trata de simples actos aislado de gente perturbada?

Toda esta serie de actos sugieren que el país parece estar llenándose de locos: estallan en la capital en menos de dos semanas, al menos cuatro artefactos explosivos, en un principio se dijo que se trataba de actos de vandalismo, pero empezaron a reivindicarlos algunos grupos ligados movimientos subversivos y en otra ocasión, a grupos aparentemente a ligados a movimientos en defensa de los animales, uno autollamado Frente de Liberación Animal: “EL Frente de Liberación Animal (F.L.A.) reivindica el atentado explosivo contra una boutique de la cadena de ropa y pieles ‘Max Mara’, ubicada en una de las zonas más burguesas del Distrito Federal” se señala en el comunicado que se subió a Internet.

Por otra parte, al parecer, hechos como los del avión y el del metro, no tienen una base efectivamente de grupos subversivos o criminales, lo cual indica que la violencia está en proceso de incubación en otro tipo de grupos sociales.

No es la primera vez que se secuestra un avión en México, el 8 noviembre 1972, en Monterrey, un comando guerrillero integrado por cuatro personas de la “Liga de Comunistas Armados", secuestraron un avión Boeing 727-200 de Mexicana de Aviación, con 104 pasajeros a bordo, entre ellos dos hijos del entonces gobernador de Nuevo León, Luis M. Farías. El avión, con dirección a la ciudad de México, es desviado hacia Cuba, donde los guerrilleros demandan asilo político, el cual fue otorgado por el gobierno caribeño.

El 10 de abril de 199, el vuelo 232 que parte de la capital con destino a Monterrey, Nuevo León, es regresado a la capital del país tras 40 minutos de vuelo, pues se informó que había sido secuestrado por un hombre que amenazó a la tripulación. Jaime Pardo utilizó un termómetro industrial que colocó en el cuello del piloto, diciendo a la tripulación que traía en la cintura unas bombas. El hombre terminó siendo detenido y llevado a la Procuraduría General de la República (PGR).

En el caso del metro, tampoco es la es la primera vez que se registra una balacera: el 28 de septiembre de 1995, Ernesto Cruz Jiménez, entonces Policía Judicial, adscrito a Huixquilucan, dispara su pistola de cargo en contra de siete personas dentro de un vagón del Metro en la estación La Raza, mata a dos y lesiona gravemente a cinco. A raíz de este incidente, personajes como Pedro Peñaloza, presidente de la Comisión de Seguridad Pública de la Asamblea Legislativa, y Oscar Espinosa Villarreal, entonces Regente de la Ciudad de México, proponen la instalación de arcos detectores de metales en el Metro.

El 3 de abril de 2006, tras robar un auto un hombre se enfrenta a balazos con policías del estado de México y el municipio de Ecatepec. En la persecución se ven implicados usuarios del metro Ciudad Azteca, de la línea B, pues la balacera se aviva a la altura de los talleres de la línea B del Sistema de Transporte Colectivo Metro, en Ecatepec, lugar en donde finalmente lograron capturar al ladrón Miguel Ángel Montoya, quien es remitido al Ministerio Público.

El 11 de mayo de 2006, a las afueras del metro Balderas una bala perdida se incrusta en la espalda de Víctor Manuel Martínez Martínez, supervisor de la línea 3 del Metro. El empleado de STC esperaba a otra persona en una de las salidas de la estación cuando el proyectil, producto de una balacera entre policías judiciales y unos presuntos delincuentes a los que perseguían, lo hiere|, exactamente igual a lo que le ocurrió a una persona el viernes pasado

El último incidente similar registrado era el del 1 de febrero de 2007, cuando en el interior de la estación Panteones del Sistema Colectivo de Transporte Metro se suscitó una balacera luego de que dos sujetos abordaran a Jesús Edgardo Cañas Rodríguez, de 29 años de edad, elemento activo de la Agencia Federal de Investigación (AFI) para robarle su Nextel, el agente responde a punta de pistola. Es detenido. El incidente ocurre al interior del convoy de la línea 2 con dirección a Cuatro Caminos. Uno de los hampones fue herido en la entrepierna y fue trasladado al hospital de la Cruz Roja de Polanco, mientras que otro sujeto recibe una bala en el abdomen, pero desaparece al huir por sus propios medios.

Aparte de estos incidentes, ya se habían reportado intentos de atentado, el último de ellos fue cuando se encontró una bolsa abandonada con granadas en su interior en la estación Miguel Ángel de Quevedo de la misma línea 3 en la que se registraron los hechos del viernes pasado.

Pero estas personas supuestamente perturbadas, tanto en el avión como en el Metro, están generando una sensación de inseguridad en la ciudad que ni siquiera la lucha contra el narcotráfico había logrado. Sobre todo porque estos atentados dan la impresión de que las autoridades no saben, no pueden o no quieren controlar este tipo de cotos ni garantizar la seguridad de las personas.

Sobre todo en la Ciudad de México, en la que el Jefe de Gobierno acababa de rendir su Tercer Informe de gobierno, en el que aseguró que aunque no esta satisfecho con los logros obtenidos en seguridad, rechazó que la capital sea la ciudad más insegura del país.

“Soy el primer crítico y el primer ocupado todos los días en la seguridad de la ciudad. No estoy confiado ni satisfecho. Todas las áreas saben que necesitamos hacer más, que no debe haber policías involucrados con la delincuencia”, declaró Ebrard durante su comparecencia, sin sospechar lo que ocurriría al día siguiente.

Abundó que además, el gabinete de seguridad local tiene instrucciones de de duplicar los esfuerzos llevados a cabo hasta el momento en esa materia, no obstante el mandatario local se reservó las cifras de temas de primer interés de los ciudadanos, como los índices en el nivel de secuestros.

Lo que sí se informó es que el delito de homicidio ha aumentado un 4.9 por ciento en la ciudad, el robo de vehículos se ha reducido en un 7.8 por ciento. Pero más allá de las cifras lo que fue la regla en la comparecencia de Ebrard, fueron los auto elogios por loa “grandes logros” alcanzados por su administración.

Tal vez haría falta, tanto en el caso del gobierno local como el federal, hacer una reflexión seria sobre el peligro real de que episodios como los vividos los últimos días, se repitan y se conviertan en una nueva etapa de violencia creciente en la que ni las mismas autoridades estarán a salvo, porque todo apunta a que los enemigos del país están poniendo a prueba la capacidad de reacción y defensa de los gobernantes y las fuerzas de seguridad, y en esa estrategia quienes saldrán perdiendo, para variar, serán personas inocentes.



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