CONTEXTO POLÍTICO
GÓMEZ MONT: ¿FISURAS EN EL EQUIPO PRESIDENCIAL?
CISI / 17 FEBRERO 2010
Gómez Mont: ¿Fisuras en el equipo presidencial?
A más de una semana de la renuncia del Secretario de Gobernación al Partido Acción Nacional, la duda persiste: ¿Fernando Gómez Mont se fue “por la libre” o fue una decisión consensuada con el Presidente de la República?
Se trata de una duda no menor, ya que de su respuesta positiva en uno u otro sentido depende la situación de fisura o no en la parte principal del equipo presidencial. La otra duda consiste en dilucidar si efectivamente, como muchos analistas aseguran, fue el propio Presidente de la República quien operó personalmente el abrumador voto a favor de las alianzas por parte de los miembros del CEN panista la semana pasada.
Esta última duda tiene connotaciones políticas más profundas, si se recuerda la forma despectiva con la que Gómez Mont trató a los integrantes de ese máximo órgano albiazul al llamarlos “mensos”, lo que reflejaría un contrapunto irremediable entre las posiciones del Secretario y las del Presidente, tan es así que al final del a reunión se registró una votación aplastante a favor de las alianzas (40 a 0) con la sola posición negativa de Gómez Mont.
Hay que recordar que incluso la semana pasada se llevó a cabo una encerrona entre César Nava y el Secretario de Gobernación, en la que éste expuso al dirigente panista los riesgos de ir en alianza con el PRD, ya que con ese acto se perdería poder de negociación con el PRI en la perspectiva del debate de la reforma política, riesgo que Nava no consideró importante.
En este contexto, la gran interrogante consiste en saber cuál de las dos posiciones tendrá a la postre la razón: ¿serán las alianzas con el PRD lo suficientemente valiosas, políticamente hablando para el PAN, al grado de sacrificar la interlocución con la primera fuerza en la Cámara de Diputados, de la cual depende en gran medida la aprobación de la propuesta presidencial? ¿O por el contrario, la fragilidad de esas alianzas implica costos muy altos como para arriesgar el único poder de negociación con el PRI?
Otro posible aspecto que complica el saber las razones de fondo que motivaron al Secretario para renunciar al PAN, consiste en saber si efectivamente se consultó al Presidente sobre los acuerdos que supuestamente se hicieron con el PRI para evitar las alianzas, ya que si efectivamente estaba enterado, ¿porqué renuncia el Secretario al partido?
Y por otro lado, si Felipe Calderón ignoraba las negociaciones y los acuerdos a los que finalmente llego Gómez Mont ¿eso forma parte de la independencia de negociación de la que debe gozar el titular de Bucareli?
La experiencia en lo que va del sexenio, ha demostrado que el Presidente ha privilegiado como primera virtud en su equipo cercano a la lealtad, por ello, las declaraciones recientes en el sentido de la lealtad a toda prueba del Secretario de Gobernación resultan intrigantes por innecesarias. También resulta intrigante el empeño por parte del funcionario por esclarecer su posición, insistiendo en todo momento en que su renuncia al PAN ha sido una decisión estrictamente personal y que sin embargo tiene “razones profesionales” que no puede revelar.
En ese sentido la disyuntiva que queda a futuro, es saber si continuará en la Secretaría de Gobernación, ya que se trató de una decisión personal que el presidente está obligado a respetar, o si esa renuncia es consecuencia de una fuerte contraposición entre el titular del Ejecutivo y su mano derecha, lo que significaría que el titular de Bucareli tiene los días contados en el cargo.
Algunos analistas han dado otra explicación un tanto futurista a la renuncia partidista del Secretario: se dice que él será el caballo negro en las próximas elecciones presidenciales. Esta hipótesis tiene un inconveniente: Fernando Gómez Mont ha reiterado hasta el cansancio que no tiene ni el perfil, ni los deseos de contender por la silla presidencial, otro inconveniente es que con esta renuncia a su partido deja tras de sí no sólo sospechas por parte de sus ex correligionarios, sino también abiertas animadversiones por parte de muchos que se sintieron agraviados por su actitud.
Por si fuera poco, se ve difícil que los partidos aprueben en el próximo debate de la reforma política las candidaturas independientes, ya que precisamente es el monopolio de la designación de candidatos una parte fundamental de la subsistencia e incremento de sus cotos de poder.
También hay quienes han hecho un paralelismo entre este hipotético desencuentro entre el Presidente y su Secretario y aquel regaño del que fue objeto Felipe Calderón por parte de Vicente Fox, que a la postre desembocó en el inicio de su meteórica carrera hacia la candidatura presidencial y su eventual triunfo en 2006.
Nuevamente, existen varios inconvenientes en esta interpretación de los acontecimientos, ya que en el caso de el otrora Secretario de Energía en el sexenio pasado y el entonces presidente, existía no sólo una distancia generacional, sino también una distancia doctrinal bastante marcada, y en el caso presente, tanto Gómez Mont como Calderón forman parte de la misma camada de políticos que a mediados de los años noventa empezaron a empujar fuertemente al interior del PAN.
Es muy posible que el Secretario cuente con toda la confianza del Presidente y no únicamente en el discurso, sino en los hechos, dada la afinidad generacional e ideológica que los identifica, y si se registra una eventual separación del cargo, es muy probable que ésta se deba más a presiones políticas que a una ruptura clara y definitiva.
Hay que recordar también que en una encuesta reciente, el Secretario de Gobernación aparecía como uno de los personajes más reconocidos por parte de la ciudadanía, lo que permite suponer que con una demostración de clara independencia con respecto al titular de ejecutivo, incrementaría su credibilidad frente a los ciudadanos y a la vez, incrementaría sus posibilidades de interlocución frente al PRI.
Por otra parte, de una manera casi automática, se ha dado por supuesto que la sola alianza entre el PAN y el PRD garantizará la victoria en Oaxaca, Puebla, Durango e Hidalgo. ¿Pero qué pasaría si se pierde en alguna o en todas esas entidades?
Esta pregunta es pertinente si se considera que de todos estos estados el único que al parecer puede garantizar ciertas posibilidades de victoria con una alianza es Oaxaca, dadas sus particulares condiciones originadas por el gobierno de Ulises Ruíz y los permanentes conflictos que le han caracterizado en los últimos años. Pero fuera de este estado, la victoria no parece ser alcanzable de manera segura en las demás entidades.
Con este escenario de por medio, tal parece que la estrategia más lógica seguida por parte del Secretario es la de acrecentar su imagen de independencia en la inminente definición de la reforma política en el congreso, de otro modo, no podría explicarse como el PAN buscará por un lado aliarse con el PRD en las elecciones estatales y por el otro buscar el apoyo del PRI para sacar adelante la propuesta gubernamental en el Congreso, situación que muchos analistas y políticos han calificado incluso como esquizofrénica.
No obstante, si se mira bajo la óptica del más puro pragmatismo político, es posible entender como éstos dos aspectos del quehacer político blanquiazul, aunque en escenarios distintos, buscan un reposicionamiento, tanto del gobierno en el ámbito de las reformas como del partido en el ámbito de los gobiernos estatales.
Sin embargo, tampoco hay que ver las cosas de manera esquemática, parece obvio que ni el presidente ni su partido se hacen ilusiones sobre un eventual apoyo del PRI a las reformas propuestas por una sencilla razón: al tricolor no le conviene en estos momentos aprobar las propuestas de Felipe Calderón, ya que esto supondría darle el impulso necesario para reposicionarlo, y con él a su partido.
Pero también, por ese mismo pragmatismo político que define a los partidos en México, se puede inferir fácilmente al PRI no le conviene la debacle total del gobierno panista, ya que ello implicaría recibir un gobierno en ruinas en el caso de que gane la Presidencia de la República dentro de dos años.
Por estas razones, se puede prever que ni las reformas pasarán (al menos no como el Presidente las ha propuesto) en lo que resta del sexenio, ni tampoco que se registrará un enfrentamiento catastrófico entre el PRI y el gobierno, ya que ello significaría un inmovilismo nefasto en el Congreso, lo que no le conviene a nadie.
Por eso, lo que estamos viendo en esos momentos y lo que veremos en los próximos meses se parecerá más a una puesta en escena (a veces como teatro del absurdo y a veces como tragicomedia), en la que algunos hacen como que debaten, otros hacen como que cooperan y los otros hacen como ceden, para llegar al final de cuentas a las consabidas reformas posibles no las deseables.
Pero hay otro aspecto todavía más preocupante de estas señales en el ámbito político de nuestro país: el grado de cinismo al que han llegado algunos de los principales actores de la política mexicana les hace cometer excesos, que no sólo son una ofensa a la inteligencia de los ciudadanos, sino una burla a las situación de despojo político en la que se encuentran sumidos los ciudadanos, ya que algún político anónimo ha interpretado esta situación de manera lapidaria y cínica, al declarar que los priistas sí van a sacar adelante las reformas estructurales, sólo que en su opinión lo harán cuando regresemos a los pinos.
Finalmente, las circunstancias por las que atraviesa la política en México en los últimos días, nos dan cuenta que la persistencia de viejos vicios y prácticas en el quehacer gubernamental y político: mientras cualquier alianza se vale, por contradictoria que sea con el fin de alcanzar el poder, y por otro lado se hace patente la falta de congruencia de quienes en el pasado ocuparon el gobierno, ya que de manera súbita pierden la memoria sobre viejas alianzas que les dieron resultado en su momento y ahora se rasgan las vestiduras.
Al parecer, estamos atestiguando un proceso en el que el PAN está, como lo dijera en su momento el Presidente Calderón retomando las palabras de Luis H. Álvarez, ganando el poder pero perdiendo el partido.
Ciudad Juárez, baño de pueblo o aceptación de la realidad
A la tormenta política desatada por Fernando Gómez Mont por su renuncia al PAN, se sumó la tormenta social desatada en Ciudad Juárez por la ola de violencia que ha tenido su punto culminante con la masacre de 15 jóvenes durante una fiesta hace dos semanas, lo que provocó que durante la visita del Presidente a aquella ciudad, éste lo enviara a enfrentar a la multitud indignada, que lo recibió con todo tipo de epítetos e incluso agresiones físicas, que no son más que el síntoma de una enfermedad profunda que aqueja a la sociedad juarense y que podría definirse como una especie de miopía ocasionada por una comprensible indignación y coraje por una situación insostenible y una tragedia como la que se vivió. Esa miopía consiste en llamar asesinos a quienes precisamente se han encargado de perseguir a los criminales.
La indignación del pueblo juarense no es comprensible y justificada ante la ineficacia de la estrategia llevada a cabo por el gobierno en esa ciudad. Sin embargo esa indignación puede llevar en ocasiones a confundir a quien está del lado de la línea del los criminales y quienes están del lado de la línea de la defensa de los ciudadanos, eso fue lo que paso en Ciudad Juárez.
Por otra parte, la segunda visita del presidente a la ciudad significa quizás la constatación de que no se trata únicamente de una estrategia de “baño de pueblo” por parte del gobierno, sino de la aceptación de una innegable realidad en esa zona: el fracaso de la estrategia y las tácticas llevadas a cabo hasta el momento, por lo que este acercamiento con los ciudadanos era más que urgente, y es necesario profundizarlo y continuarlo.
No hay que olvidar que si bien Ciudad Juárez, es la ciudad más violenta del país, no es la única aquejada por este mal, por lo que está empezando a generalizarse el llamado al Presidente para que esté presente en otros estados y ciudades, en los cuales es necesario reducir la distancia tan grande que existe entre quienes se encargan de definir las acciones del gobierno y las necesidades reales de quienes están viviendo las consecuencias de esas acciones, que son los ciudadanos residentes en las zonas de conflicto.
A partir de esta consideración, resulta lógico preguntarse si es posible llevar a cabo lo que el Presidente externo hace dos semanas, en el sentido de poner en marcha una redefinición profunda de la estrategia de combate al crimen organizado, ya que resulta evidente que en quince días no será posible contar con los elementos suficientes para reorientar las acciones que lleven a la solución de un problema que tiene años o décadas de estarse incrementando.
Aunque la realidad de la violencia generada por el crimen organizado se ha extendido a lo largo y ancho del país, hay que tomar en cuenta las particularidades y la gravedad que distinguen a cada zona, cada estado y cada ciudad afectados por este problema.
En ese sentido, el problema de Juárez tiene una característica particular: se trata de la principal ciudad fronteriza, que tradicionalmente vivió una situación simbiótica con las ciudades ubicadas del otro lado de la línea, por ello, la posible solución a la violencia tendrá necesariamente que pasar por una labor de comunicación, coordinación y acciones conjuntas con las autoridades y con los ciudadanos de ambos lados.
El caso de Ciudad Juárez puede resultar paradigmático sólo para el caso de las ciudades fronterizas de nuestro país, incluso para las que se encuentran en el lado sur de nuestra frontera. Pero obviamente no lo será para ciudades que tiene otras características socioeconómicas e incluso políticas como la Ciudad de México.
Más allá de la necesaria consideración de las particularidades del problema en cada zona del país, también es necesario pensar en una estrategia que clarifique el papel del gobierno, las policías y las fuerzas armadas en esta lucha y en los tres niveles de gobierno, que haga patente a los ciudadanos quiénes son los delincuentes y asesinos y quiénes son los encargados de perseguirlos, atraparlos y castigarlos, cuestión en la que habría que llevar a cabo una labor de supervisión ciudadana, que identifique los errores y la ineficacia que evidentemente se ha registrado.
El peor escenario que se puede generar después de la experiencia de ciudad Juárez es que el gobierno responda reactivamente ante los justos reclamos ciudadanos y se repliegue a una posición de respuestas parciales, excusas o peor aún, una estrategia de acusaciones poco creíbles ante la evidente ineficacia de la estrategia en algunas zonas del país.
Por lo anterior, sería deseable que el Presidente Calderón responda proactivamente ante estos reclamos y, como dijo doña Luz María Dávila, madre de dos de los 15 jóvenes asesinados hace dos semanas: “No me diga que sí, ¡haga algo, señor Presidente!”.
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